SE CAMBIA ANTES DE RELIGIÓN QUE DE ALIMENTACIÓN

Hace muchos años, muchos muchos años, tenía la costumbre de llegar una hora antes al trabajo. Entraba en la cafetería que había en esa misma calle, pedía un café y una tostada, o un croissant, con mermelada y mantequilla. Y me sentaba con mi libro a disfrutar de mi desayuno, todos los días... todos todos los días. NO CONCEBÍA LAS MAÑANAS SIN ESE DESAYUNO EN EL BAR.


Es más... cambié de trabajo, y busqué una cafetería cercana para seguir con este hábito.


No era más el desayuno en sí, sino todo el conjunto. Ese momento en soledad, poder leer tranquila, revisar el periódico, organizar la agenda, lo rica que es una tostada con mantequilla y mermelada por favor!! No me voy a engañar, ahora mismo estoy escribiendo esto, y aún puedo saborearlo.... y también recordar que no me saciaba nada y que me comía una, pero podría haberme comido kilo y medio de tostadas con kilos de mantequilla y mermelada.


¿Te pasa algo parecido?


No tiene por qué ser con el desayuno. Piensa porque seguro que tienes un hábito del que no puedes desprenderte e incluso ni te imaginas tu vida sin él.


Te cuento algo, si en ese momento, alguien hubiese venido a decirme que ese desayuno era cero nutritivo, que me estaba metiendo básicamente azúcar y me hubiese dado toda la información y herramientas para cambiarlo por un desayuno saludable..... pues casi que le habría mandado a la porra!!! Venga ya!! No me habría convencido... no no no... ¿cambiar ese momento, esas tostadas, ese entorno que creaba, por un desayuno saludable? Si lo pienso, emocionalmente, no me habría llenado, habría dicho que NO.


Es difícil cambiar nuestros hábitos alimentarios.


Webb & Sheeran realizaron una investigación en 2006, en la que afirmaron que para cambiar aquellos comportamientos que las personas realizamos con una alta frecuencia, el éxito de las intervenciones basadas únicamente en dar información es limitado.


Según recoge el artículo de 2009 "Refective and Automatic Processes in the Initiation and Maintenance of Dietary Change", también resultan insuficientes las que van más allá del consejo o la información y optan por un enfoque más educativo.


Es decir, que para que cambiemos un comportamiento que realizamos de forma habitual y con una alta frecuencia, se necesita algo más que información o consejo. Y comer es uno de esos comportamientos que realizamos con frecuencia

Y ¿por quéééééééééééééé resulta taaaaaan difícil cambiar nuestra manera de comer?.... Pues porque es un hábito, piénsalo, no me refiero al hecho de comer, sino a lo que comes, dónde comes, cómo comes, de qué manera cocinas... Solemos comprar siempre los mismos alimentos, tenemos hábitos como tomar un cortadito después de comer, de postre tomar un flan, o que por la tarde, si nos acercamos a la nevera, sea a por ese trocito de queso que te tomas antes de cenar..... HÁBITOS. Ni siquiera los pensamos, están mecanizados. Por esto cuesta tanto dejar de hacerlas.


Hay un ejercicio que propone la doctora Jaci Molins, te animo a hacerlo;

- Deja caer tus brazos a los lados y ahora crúzalos a la altura del pecho. Tal y como estás obsérvate. ¿Cuál de los dos brazos has cruzado por encima del otro? Toma conciencia de cómo lo has hecho. Ahora descruza los brazos e intenta volverlos a cruzar, pero esta vez poniendo por encima el brazo contrario al de antes.... ¿Te cuesta, a que sí?. Pues cuesta porque estás acostumbrado siempre a cruzar los brazos de una manera y cambiar eso requiere mucho esfuerzo por tu parte.


¿Has visto cuán arraigados están nuestros hábitos? Y da igual de cuál hablemos, cualquier hábito.


CUÉNTAME SI ESTO TE PASA.

¿TIENES HÁBITOS ALIMENTICIOS QUE NO ERES CAPAZ DE CAMBIAR?


TE LEO!!!




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